Prestadores de todo el país reclaman una actualización urgente de los aranceles y aseguran que la situación económica de los centros es cada vez más difícil de sostener. “Estamos en una crisis que pocas veces tuvimos en más de 30 años”, advirtió el doctor Alfredo Revidati, director médico del Centro Renal de Corrientes.
Los centros de diálisis de todo el país atraviesan una situación crítica debido al atraso de los valores que abona PAMI por los tratamientos. Según denunciaron desde el sector, hace aproximadamente un año y medio que no reciben una actualización acorde con la evolución de los costos, mientras deben afrontar importantes aumentos en insumos, equipamiento, servicios y salarios.
En una entrevista exclusiva con Radiofmtotal el Medico Alfredo Revidatti, director médico del Centro Renal de Corrientes, explicó que el problema afecta a prestadores de todo el país y que las gestiones realizadas ante PAMI hasta el momento no permitieron alcanzar una solución.
“Hace un año y medio estamos sin respuesta de la obra social más grande que tiene el país y la que tiene mayor cantidad de personas en diálisis”, señaló.
Uno de los principales reclamos está relacionado con el denominado módulo PAMI, que determina el monto que reciben los centros por las prestaciones. Revidatti aseguró que, lejos de acompañar la evolución de los costos, ese valor incluso sufrió una reducción cercana al 8%.
La situación se vuelve aún más compleja porque gran parte de los elementos utilizados en las sesiones de diálisis son importados. Filtros, tubuladuras, líquidos y equipamiento específico dependen del mercado externo, lo que incrementa significativamente los costos de funcionamiento.
“No podemos dejar de dializar”
A pesar de la crisis económica, los centros continúan atendiendo a sus pacientes. Revidatti fue contundente al explicar que suspender el tratamiento no es una alternativa.
“Nosotros no vamos a dejar de atender. Si dejás de dializar a una persona, muchas pueden morir en 48 o 72 horas”, advirtió.
El especialista explicó además que la diálisis es un tratamiento ambulatorio que permite a los pacientes continuar con buena parte de su vida cotidiana. Muchos concurren al centro tres veces por semana y luego regresan a sus hogares o incluso continúan trabajando.
Por ese motivo, sostuvo que tampoco pueden reducir la calidad de las sesiones para compensar el atraso de los aranceles.
“No podemos cambiar la calidad de la diálisis. Hay centros que han tenido que sacar préstamos para poder seguir haciendo las mismas sesiones. Estamos realmente mal”, afirmó.
Según indicó, ya se registró el cierre de tres centros de diálisis en el país, una situación que genera preocupación ante la posibilidad de que la crisis continúe profundizándose.
El transporte, otro punto crítico
La problemática también podría trasladarse a los servicios de transporte de los pacientes, especialmente en el interior del país, donde muchas personas deben recorrer importantes distancias para acceder a un centro de diálisis.
Revidatti consideró que este podría ser uno de los primeros servicios en resentirse si no aparece una solución.
“Me parece que lo primero que se va a afectar va a ser el traslado. Se les puede decir a los pacientes que deberán recurrir a las obras sociales para conseguir cómo trasladarse”, explicó.
La situación es especialmente delicada para quienes viven en localidades alejadas y necesitan concurrir varias veces por semana a un centro especializado.
Reclaman una actualización del 35%
Desde el sector sostienen que necesitan una actualización de aproximadamente el 35% para recuperar parte del poder adquisitivo perdido y poder sostener el funcionamiento de los establecimientos.
“No pedimos más que estar estables con lo que estamos perdiendo por la inflación”, explicó Revidatti.
El profesional remarcó que aproximadamente el 80% de los costos de la diálisis corresponde a insumos, a los que se suman gastos importantes en agua, energía, mantenimiento y personal.
Mientras tanto, los prestadores continúan reclamando respuestas a PAMI y a las autoridades nacionales. La preocupación ya se extiende a pacientes y familiares, que podrían verse directamente afectados si la crisis financiera de los centros termina comprometiendo servicios complementarios o la disponibilidad de establecimientos.
El reclamo es concreto: actualizar los valores para garantizar la continuidad de un tratamiento que, para miles de pacientes, no puede interrumpirse ni siquiera por un día.