Un informe de Hábitat para la Humanidad Argentina advierte sobre el impacto del costo de la vivienda en la economía familiar, la salud y los proyectos de vida. Los alquileres pueden superar el 50% de los ingresos mensuales, mientras crece el temor a no poder sostenerlos ante cualquier imprevisto.
La difícil situación económica y el aumento del costo de la vivienda obligan a miles de familias argentinas a ajustar sus presupuestos para poder mantener un techo. Según un informe de Hábitat para la Humanidad Argentina, el 83% de las personas encuestadas en el país tuvo que recortar al menos uno de sus gastos para pagar la vivienda, una cifra superior al promedio del 75% registrado en los 22 países donde también se realizó el relevamiento.
Así lo explicó Bárbara Bonelli, directora ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina, durante una entrevista exclusiva con Radiofmtotal analizó las consecuencias sociales y económicas de las dificultades para acceder y sostener una vivienda adecuada.
Bonelli señaló que las familias no solamente deben afrontar el alquiler, los servicios y los impuestos, sino que también se ven obligadas a resignar gastos esenciales vinculados con la alimentación, la salud y la seguridad financiera.
En ese sentido, advirtió que la situación compromete la estabilidad de los hogares y limita las posibilidades de desarrollo de las personas, especialmente cuando una parte cada vez mayor de los ingresos debe destinarse a cubrir las necesidades habitacionales.
El costo de la vivienda condiciona los proyectos familiares
Uno de los datos destacados del estudio indica que el 57% de las personas consultadas manifestó que el costo de la vivienda las lleva a postergar la decisión de formar una familia.
Para Bonelli, este resultado refleja cómo la incertidumbre económica influye en decisiones fundamentales, como independizarse, tener hijos, iniciar una formación educativa o acceder a mejores oportunidades laborales.
La directora ejecutiva sostuvo que contar con una vivienda segura y asequible es una condición central para planificar el futuro. Cuando no existe la certeza de poder afrontar los gastos mensuales, resulta más difícil asumir nuevos compromisos y desarrollar proyectos personales.
La problemática también afecta especialmente a los jóvenes, que encuentran cada vez mayores dificultades para abandonar la casa de sus padres y sostener un alquiler, incluso sin considerar la posibilidad de comprar una propiedad.
Los alquileres pueden consumir más de la mitad de los ingresos
Durante la entrevista, Bonelli indicó que el alquiler puede representar más del 50% de los ingresos de una familia, mientras que los estándares internacionales de accesibilidad habitacional consideran que el gasto no debería superar el 30% de los ingresos.
En algunos hogares, explicó, esa proporción puede alcanzar el 70%, reduciendo considerablemente el dinero disponible para cubrir otras necesidades.
A esta situación se suma el temor a perder la vivienda ante cualquier imprevisto. El informe señala que el 68% de las familias teme que un gasto inesperado afecte su permanencia en el hogar.
La rotura de un electrodoméstico, un problema de salud u otra emergencia económica puede alterar el presupuesto mensual y dificultar el pago del alquiler.
Las consecuencias de vivir en una vivienda deficitaria
Bonelli también puso el foco en las consecuencias que las condiciones habitacionales tienen sobre la salud y el desarrollo infantil.
Como ejemplo, mencionó una campaña impulsada por la organización sobre los pisos de tierra en Argentina. Según el relevamiento al que hizo referencia, los niños que viven en viviendas con pisos de tierra juegan dos veces menos que aquellos que habitan en hogares adecuados.
El juego constituye una herramienta fundamental para el desarrollo cognitivo y motriz durante la primera infancia. Además, las condiciones deficientes de las viviendas pueden favorecer enfermedades parasitarias y respiratorias, así como agravar los problemas asociados con las lluvias y las inundaciones.
La entrevistada remarcó que una vivienda adecuada también influye en la asistencia escolar, las oportunidades educativas y las posibilidades de crecimiento de las personas.
Alquiler social y alternativas para ampliar el acceso a la vivienda
Frente a este escenario, Hábitat para la Humanidad Argentina desarrolla desde hace más de 15 años un programa de alquiler social destinado a personas que tienen capacidad de pago, pero cuyos ingresos informales les dificultan acceder al mercado formal de alquileres.
Bonelli explicó que una parte importante de la población trabaja en la economía informal y, por esa razón, encuentra obstáculos para cumplir con los requisitos exigidos por los propietarios y las inmobiliarias.
En esos casos, muchas personas terminan alquilando viviendas sin contratos formales, con menor previsibilidad sobre los precios y las condiciones de permanencia.
La directora ejecutiva consideró que la respuesta no debe limitarse a una discusión entre propietarios e inquilinos, sino que requiere políticas públicas capaces de intervenir en una problemática vinculada con un derecho fundamental.
En esa línea, planteó la necesidad de desarrollar alternativas habitacionales que no dependan exclusivamente de la lógica comercial, sin desconocer que los propietarios también buscan obtener una rentabilidad por sus inmuebles.
Recuperar viviendas vacías y ampliar las políticas públicas
Entre las medidas posibles, Bonelli propuso impulsar políticas para recuperar viviendas vacías o deterioradas, mediante incentivos que permitan mejorarlas y destinarlas al alquiler para familias que hoy no pueden acceder a una solución habitacional.
Según explicó, existen inmuebles que podrían volver a ser habitables con obras de reparación y mejoras, por lo que el Estado podría promover su incorporación a programas de alquiler social.
También se refirió a las limitaciones de las políticas de créditos hipotecarios y de construcción de viviendas destinadas a la propiedad individual. Si bien reconoció que estas herramientas pueden contribuir a dar respuestas, sostuvo que no alcanzan por sí solas para resolver la magnitud del déficit habitacional.
Bonelli cuestionó que la política crediticia nacional tenga un alcance limitado frente a una problemática que afecta a millones de familias y consideró necesario desarrollar nuevas modalidades de intervención, con participación del Estado y de organizaciones sociales.
Finalmente, remarcó que el acceso a una vivienda adecuada no debe analizarse únicamente como una cuestión económica, sino como una condición indispensable para la salud, la educación, la estabilidad familiar y el desarrollo de proyectos de vida.