La construcción atraviesa una etapa crítica: advierten por la caída de la inversión, el empleo y la falta de crédito

La industria de la construcción continúa atravesando un escenario complejo y desigual en la Argentina, marcado por la paralización de obras públicas, la menor capacidad de inversión de provincias y municipios, la retracción del sector privado y las dificultades para acceder al crédito.

Así lo explicó Gerardo Fernández, presidente de la Confederación de Pymes Constructoras de la República Argentina, durante una entrevista en Radiofmtotal,

Fernández sostuvo que la crisis responde a múltiples factores. Señaló que la decisión del Gobierno nacional de discontinuar obras públicas y no avanzar con nuevas licitaciones generó un fuerte impacto sobre la actividad. Posteriormente, provincias y municipios intentaron asumir algunas de esas obras, pero la caída de la recaudación y la reducción de las transferencias coparticipables limitaron esa posibilidad.

“Las obras que habían sido tomadas por las provincias se han visto ralentizadas o directamente paralizadas”, explicó.

El impacto también alcanza al sector privado

El presidente de la entidad empresarial remarcó que el problema no se limita a la obra pública. La inversión privada también se encuentra frenada por la falta de crédito, la incertidumbre y la prudencia de los inversores.

Según Fernández, esta situación provoca un efecto dominó sobre una enorme cantidad de actividades vinculadas directa e indirectamente con la construcción: cemento, hierro, aluminio, vidrio, maquinaria, transporte, comercios y servicios.

“La industria de la construcción es la madre de muchas industrias”, afirmó, al explicar que cuando una obra se pone en marcha también se movilizan comercios, trabajadores y proveedores de distintos rubros.

La importancia de la obra pública

Fernández cuestionó además la visión que presenta a la inversión pública únicamente como un gasto. Destacó que las redes de agua potable, gas, electricidad y otras obras de infraestructura son fundamentales tanto para mejorar la calidad de vida como para atraer inversiones privadas.

En ese sentido, sostuvo que una empresa que analiza instalarse en una provincia necesita contar previamente con infraestructura energética y de servicios.

“Una cosa trae a la otra”, resumió.

También destacó el impacto sanitario de la infraestructura básica y señaló que las inversiones en redes de agua potable permiten reducir posteriormente gastos en materia de salud pública.

Una caída que atraviesa a gran parte del país

Consultado sobre las diferencias entre las provincias, Fernández consideró que la caída de la actividad es bastante transversal, aunque algunas jurisdicciones presentan una situación algo mejor debido a inversiones vinculadas con minería, petróleo y energía.

Mencionó particularmente a provincias relacionadas con esos sectores, donde existen algunos proyectos que permiten cierta contención. Sin embargo, aclaró que esas inversiones no alcanzan para compensar la caída general de la actividad.

En provincias como Corrientes, según su análisis, el impacto forma parte de una retracción que afecta a buena parte del territorio nacional.

Construcción: de los 400.000 empleos registrados a unos 300.000

Uno de los datos más preocupantes aparece en el mercado laboral. Fernández señaló que el sector llegó a registrar alrededor de 400.000 trabajadores, mientras que actualmente se encuentra cerca de los 300.000 o 310.000 empleos registrados.

Esto implica una pérdida aproximada de 80.000 a 90.000 puestos formales.

Sin embargo, advirtió que la cifra real podría ser considerablemente mayor debido al elevado nivel de informalidad que caracteriza históricamente a la construcción.

Explicó que miles de trabajadores realizan tareas en pequeñas obras particulares y muchas veces trabajan de manera informal, por lo que las estadísticas oficiales no reflejan completamente la magnitud del problema.

“No hay una proyección”

Otro de los aspectos señalados por Fernández fue la inestabilidad del mercado. Describió una actividad que registra pequeñas recuperaciones seguidas de nuevas caídas, sin lograr consolidar una tendencia de crecimiento.

“Dos meses sube, tres meses baja; un mes sube y el otro baja”, graficó.

Para el dirigente, esta dinámica dificulta especialmente la planificación empresarial porque la construcción necesita decisiones de mediano y largo plazo.

“La industria de la construcción no es día a día; todo es seis meses, un año, dos años para adelante”, explicó.

Falta de crédito e incertidumbre

Fernández también puso el foco en el sistema financiero. Señaló que las empresas constructoras están teniendo mayores dificultades para acceder a líneas de crédito y que el financiamiento hipotecario tampoco logra impulsar con fuerza la actividad.

Según explicó, en muchos casos las entidades financieras tasan las propiedades por debajo de su valor real, lo que obliga a los compradores a contar con un nivel de ahorro muy elevado para poder concretar una operación.

A esto se suma la incertidumbre de los inversores, que prefieren esperar antes de comprometer capital.

Para Fernández, el principal problema actualmente es la falta de confianza.

“Hoy hay olfato a temor, incertidumbre y prudencia”, resumió.

Finalmente, el dirigente empresarial pidió que se generen las condiciones necesarias para recuperar la confianza y permitir que vuelvan a fluir las inversiones.

Sostuvo que el objetivo debería ser que tanto el Gobierno nacional como las administraciones provinciales y municipales, las empresas, los trabajadores y los inversores puedan encontrar un escenario de mayor previsibilidad.

“Estamos todos en el mismo barco”, afirmó, al remarcar que una mejora de la economía nacional terminaría beneficiando a todos los sectores.

Comentarios

Comentar artículo