En la planta de Hidabo se procesan cientos de toneladas de huesos provenientes de frigoríficos, carnicerías y acopios de campo. A través de un proceso de calcinación, este material se transforma en ceniza de hueso, un insumo de alta disponibilidad nutricional, rico en calcio y, principalmente, fósforo.
La producción apunta a atender una problemática histórica de la ganadería regional: la deficiencia de fósforo en los suelos y pasturas. Esta carencia mineral repercute directamente en la alimentación del ganado, puede afectar los índices de preñez y condiciona el desarrollo general de los rodeos.
En este contexto, la ceniza de hueso se convierte en una alternativa para aportar fósforo y contribuir a cubrir las necesidades minerales del ganado, especialmente en establecimientos donde los suelos presentan bajos niveles de este elemento.
Pero el proceso también tiene un impacto económico y social. La recuperación del denominado “hueso de campo” genera una fuente de ingresos para familias de la zona que se dedican a recolectar y comercializar este material.
De esta manera, un residuo que anteriormente podía representar un problema se incorpora a una cadena productiva que genera valor, aporta un recurso para la actividad ganadera y, al mismo tiempo, brinda una alternativa de ingresos para sectores de la comunidad.