José Daniel Fernández, estudiante de la Licenciatura en Diseño Industrial de la Universidad Nacional del Nordeste, avanza en el desarrollo de materiales de construcción elaborados a partir de residuos de maples de huevos. Tras patentar su ladrillo ecológico, creó un mortero sustentable que ya fue probado en un muro experimental. Además, su proyecto fue seleccionado como finalista provincial de una iniciativa nacional para emprendedores.
Una innovadora propuesta que combina diseño industrial, reciclaje y construcción sustentable comienza a ganar reconocimiento. José Daniel Fernández, estudiante de la Licenciatura en Diseño Industrial de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), desarrolló un ladrillo fabricado con residuos de maples de huevos y ahora presentó un nuevo avance: un mortero sustentable pensado como alternativa ecológica al cemento tradicional.
Durante una entrevista exclusiva con Radiofmtotal , Fernández explicó que el desarrollo del mortero surgió a partir de los conocimientos adquiridos durante la elaboración de su primer producto patentado. Mediante modificaciones en las proporciones de los componentes y en el tamaño de los fragmentos de los maples, logró una mezcla que permite unir las piezas y levantar un muro.
El primer prototipo ya está construido y consiste en un muro experimental de aproximadamente un metro cuadrado. Según contó el estudiante, los resultados iniciales son alentadores y le permiten observar cómo se comporta el material a medida que aumenta la altura de la construcción.
Una alternativa a partir de residuos
La iniciativa nació de la observación de los residuos acumulados en las calles y de la necesidad de encontrarles un nuevo uso. Fernández encontró en los maples de huevos de 30 unidades una materia prima adecuada para desarrollar un material de construcción.
Una de las ventajas del proceso es que los maples pueden utilizarse sin necesidad de lavarlos ni someterlos a tratamientos previos. Después de recolectarlos, se trituran y se incorporan a una mezcla aglutinante.
Según explicó, la fórmula utiliza harina de almidón, vinagre blanco, bicarbonato de sodio y agua, además de los maples triturados. El bicarbonato cumple una función que el desarrollador vincula con el retardo de la acción del fuego, aunque esa propiedad requiere ensayos específicos para determinar su alcance y garantizar su seguridad.
La mezcla se coloca en moldes y se somete a presión para retirar el exceso de líquido. Posteriormente, las piezas se dejan secar al aire libre, sin utilizar hornos ni procesos térmicos industriales. De acuerdo con Fernández, el secado puede demandar entre 10 y 12 días en condiciones favorables de sol.
Ladrillos de mayor espesor
Los ladrillos desarrollados por Fernández tienen dimensiones aproximadas de 25 centímetros de largo, 8,5 centímetros de ancho y un espesor superior al de un ladrillo convencional, según detalló durante la entrevista.
El objetivo de este diseño es diferenciar visualmente el producto y permitir que, por sus dimensiones, se necesiten menos unidades para levantar una superficie determinada.
El estudiante señaló que tanto el ladrillo como su formulación cuentan con patentes registradas y que los materiales fueron sometidos a estudios de laboratorio en la Facultad de Ingeniería de la UNNE. Para avanzar hacia su comercialización y utilización en obras, será fundamental contar con las correspondientes evaluaciones técnicas y certificaciones de aptitud constructiva.
Un mortero que también puede utilizarse con ladrillos tradicionales
Uno de los avances más recientes fue comprobar que la mezcla desarrollada también puede adherirse a ladrillos cerámicos convencionales.
Fernández relató que realizó pruebas con ladrillos tradicionales y observó una adherencia que consideró satisfactoria. De esta manera, el mortero podría ofrecer una alternativa para quienes deseen experimentar con una mezcla diferente sin necesidad de reemplazar los ladrillos que ya se utilizan habitualmente.
No obstante, el desempeño observado en pruebas iniciales deberá respaldarse con ensayos técnicos que permitan establecer su resistencia, durabilidad, comportamiento frente a la humedad y aptitud para los distintos usos constructivos.
Producción artesanal y posibilidades de crecimiento
Actualmente, la fabricación se realiza a pequeña escala, con herramientas y moldes disponibles en su domicilio. Fernández estimó que puede producir entre 20 y 30 ladrillos por semana.
El paso siguiente es ampliar la capacidad productiva mediante maquinaria, sistemas de prensado y un espacio adecuado para el acopio y secado de las piezas.
En ese sentido, el estudiante confirmó que ya constituyó legalmente una empresa y que trabaja con la intención de convertir el desarrollo en una actividad productiva. También manifestó su interés en establecer contactos con posibles inversores que permitan avanzar hacia la fabricación en serie.
Durante la entrevista, mencionó un costo estimativo de alrededor de 700 pesos por unidad para su ladrillo, frente a unos 500 pesos para un ladrillo convencional, valores que corresponden a las referencias que compartió en ese momento y que deberán actualizarse para cualquier comparación comercial.
El potencial de una materia prima abundante
Fernández destacó que los maples de huevos están elaborados principalmente con papel y cartón, materiales cuya capacidad de absorción resulta útil para el procedimiento que desarrolló.
El investigador también remarcó que la disponibilidad de estos residuos podría facilitar el crecimiento del proyecto, dado que provienen de hogares, comercios y establecimientos gastronómicos.
Además del posible aprovechamiento económico, la iniciativa busca generar conciencia sobre la separación y reutilización de residuos. Según contó, algunas personas que conocieron su trabajo a través de las redes sociales comenzaron a guardar los maples en lugar de desecharlos, para entregárselos y contribuir con la producción.
El proyecto también cuenta con el acompañamiento de su familia, a la que Fernández reconoció como un respaldo fundamental para sostener el trabajo cotidiano.
Finalista provincial de un certamen nacional
Otro de los anuncios destacados durante la entrevista fue la selección del emprendimiento como finalista provincial de Emprendimiento Argentino, una iniciativa nacional que convoca a emprendedores de distintas jurisdicciones para presentar sus proyectos innovadores.
Fernández contó que recibió la notificación por correo electrónico y que la propuesta fue elegida para representar a Corrientes en una instancia nacional. Durante la charla se mencionó una presentación prevista para el 28 de octubre en el auditorio Julián Zini, aunque la fecha y las condiciones del evento deberán confirmarse oficialmente.
El reconocimiento representa una oportunidad para dar mayor visibilidad a una propuesta que busca unir innovación, sustentabilidad y desarrollo productivo.
De un trabajo universitario a un proyecto empresarial
Fernández explicó que el origen de la iniciativa se remonta a un trabajo práctico solicitado por la universidad, en el que debía desarrollar un nuevo material. Esa consigna académica se combinó con su preocupación por la acumulación de basura en su entorno y dio lugar a la investigación que hoy continúa desarrollando.
Su objetivo es transformar una idea nacida en el ámbito universitario en una alternativa productiva con potencial de crecimiento, capaz de aprovechar residuos que habitualmente se descartan.
Con dos desarrollos patentados, una empresa constituida y una nueva formulación en etapa de evaluación, José Daniel Fernández busca abrirse camino en el campo de los materiales sustentables. El desafío ahora será avanzar en la validación técnica, conseguir los recursos necesarios para aumentar la producción y demostrar la viabilidad del producto para su utilización segura en la construcción.