POR JORGE MAIDANA
PERITO ACCIDENTOLOGO - PRODUCTOR ASESOR DE SEGUROS
MATRÍCULA 96741
Jorge Maidana advirtió sobre los peligros de conducir bajo condiciones climáticas adversas y remarcó la importancia de reducir la velocidad, utilizar correctamente las luces y extremar las precauciones en rutas deterioradas.
Las condiciones climáticas adversas modifican sustancialmente la forma en que debe conducirse un vehículo. La lluvia, la neblina y la acumulación de agua sobre la calzada reducen la adherencia de los neumáticos y aumentan considerablemente el riesgo de siniestros viales.
Así lo explicó Maidana, al analizar durante una entrevista la importancia de adaptar la conducción a las condiciones del camino. Según señaló, no es lo mismo circular sobre una calzada seca que hacerlo durante una jornada lluviosa, ya que entre el neumático y el pavimento puede formarse una fina capa de agua que disminuye la adherencia.
Uno de los principales riesgos es el aquaplaning, fenómeno que puede provocar la pérdida de control del vehículo cuando los neumáticos no logran evacuar correctamente el agua acumulada sobre la ruta.
La velocidad debe adaptarse a las condiciones
Maidana puso especial énfasis en la necesidad de reducir la velocidad cuando llueve. Explicó que las velocidades máximas señalizadas en las rutas están pensadas, en términos generales, para condiciones normales de circulación y que el conductor debe adecuar su marcha cuando aparecen factores climáticos adversos.
“Si uno conduce a 100 kilómetros por hora cuando está seco, no debería pretender hacerlo a esa misma velocidad cuando llueve”, fue uno de los conceptos centrales planteados durante la entrevista.
La recomendación cobra todavía mayor importancia durante la noche, cuando la visibilidad disminuye y la presencia de agua sobre el pavimento puede dificultar aún más la conducción.
Las balizas no deben utilizarse mientras el vehículo circula
Otro de los puntos abordados fue el uso incorrecto de las luces de emergencia durante una lluvia intensa.
Maidana explicó que las balizas están destinadas a advertir que un vehículo se encuentra detenido o en una situación de emergencia. Utilizarlas mientras se circula puede generar confusión en otros conductores, quienes podrían interpretar que el automóvil está detenido.
Ante una lluvia torrencial, la recomendación es detenerse en un lugar seguro siempre que las condiciones lo permitan. Si la banquina no ofrece seguridad suficiente, se debe continuar la marcha extremando las precauciones y reduciendo considerablemente la velocidad.
Neblina: luces bajas y máxima precaución
La neblina representa otro escenario de alto riesgo. La reducción de la visibilidad puede llevar a cometer errores, especialmente cuando se utilizan incorrectamente las luces.
Maidana señaló que, en presencia de niebla, las luces altas pueden resultar contraproducentes porque la iluminación se refleja sobre las partículas de agua suspendidas y reduce aún más la visibilidad. Por eso recomendó utilizar luces bajas y circular a una velocidad acorde a las condiciones existentes.
El deterioro de las rutas también aumenta el peligro
Durante la entrevista también se puso el foco en el estado de las rutas y las banquinas, especialmente en los sectores donde existen huellas y deformaciones profundas sobre la calzada.
Según explicó Maidana, el tránsito pesado y el exceso de carga contribuyen al deterioro progresivo del pavimento. Con el paso del tiempo, las rutas pueden presentar huellas longitudinales donde se acumula agua durante las precipitaciones.
La combinación entre calzada deteriorada, acumulación de agua y exceso de velocidad incrementa significativamente las posibilidades de sufrir un despiste o un episodio de aquaplaning.
En este sentido, también cuestionó la falta de controles adecuados sobre el peso de los vehículos de carga y señaló que la escasez de balanzas y controles constituye uno de los problemas que afectan el mantenimiento de las rutas.
Responsabilidad compartida
La seguridad vial no depende exclusivamente de quienes conducen. El mantenimiento de las rutas, las banquinas, la señalización y los controles sobre el transporte pesado también cumplen un papel fundamental.
Sin embargo, frente a un fenómeno climático adverso, el primer cambio debe producirse en la conducta del automovilista: reducir la velocidad, aumentar la distancia de seguridad, utilizar correctamente las luces y evitar maniobras bruscas.
La advertencia es especialmente relevante para quienes deben recorrer rutas de la región durante jornadas lluviosas: las condiciones de circulación cambian y, con ellas, también deben cambiar las decisiones al volante.
Conducir no es solamente conocer las normas de tránsito: también implica saber interpretar el camino, el clima y los riesgos que aparecen en cada recorrido.