Alfredo González, secretario de Relaciones Internacionales de CAME y presidente de FECHACO, cuestionó la idea de que el endeudamiento de las familias responda principalmente a gastos de ocio y lujo. Aseguró que las entidades empresarias observan un aumento del uso de tarjetas de crédito para comprar alimentos y alertó por la situación de las pequeñas y medianas empresas.
La economía real continúa mostrando señales de preocupación, particularmente en el comercio y los servicios. Mientras algunos sectores vinculados a la minería, la energía, los hidrocarburos y el campo exhiben mejores resultados a nivel macroeconómico, las pequeñas y medianas empresas enfrentan una marcada contracción del consumo interno.
Así lo planteó Alfredo González en declaraciones exclusivas a Radiofmtotal, secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y presidente de FECHACO, quien sostuvo que la caída de las ventas se viene profundizando y tiene un impacto directo en la actividad comercial.
“El consumo interno está con una contracción muy fuerte”, señaló González, quien explicó que esta situación puede observarse tanto en los relevamientos que realiza CAME como en la evolución de la recaudación nacional y provincial.
Para el dirigente, el problema no se limita a una modificación en los hábitos de consumo, sino que existe una pérdida concreta del poder de compra que repercute sobre las empresas que dependen fundamentalmente del mercado interno.
Endeudamiento para comprar comida
Uno de los aspectos más sensibles de la situación económica es el creciente endeudamiento de las familias. González cuestionó el diagnóstico que atribuye el uso del crédito principalmente al ocio o a la compra de bienes considerados de lujo.
Desde CAME, explicó, observan otra realidad: cada vez más consumidores utilizan tarjetas de crédito para adquirir productos básicos, incluidos alimentos.
“Cuando eso pasa en la población es porque la situación no está llegando a su alcance de poder llegar a fin de mes”, sostuvo el dirigente.
González aclaró que seguramente existen personas que se endeudan por cuestiones vinculadas al ocio, pero consideró que no puede utilizarse esa situación para explicar todo el fenómeno. En muchos hogares, el crédito se convirtió en una herramienta para afrontar los gastos cotidianos.
Además, reclamó mayor atención sobre las condiciones de financiamiento y las tasas de interés, especialmente cuando los consumidores deben recurrir a refinanciaciones para sostener sus gastos básicos.
Una economía con dos realidades
El referente empresarial también diferenció los indicadores de la macroeconomía de lo que sucede diariamente en los comercios.
Minería, energía, combustibles y producción agropecuaria aparecen entre las actividades que generan importantes ingresos de divisas y contribuyen a mejorar determinados indicadores nacionales. Sin embargo, González sostuvo que ese movimiento no necesariamente se traduce en una recuperación del consumo en todas las regiones.
En el norte argentino, particularmente en Corrientes y Chaco, la situación resulta más compleja. La menor circulación de dinero y la caída de las ventas afectan especialmente a los comercios y servicios, sectores que tienen una fuerte incidencia en la generación de empleo.
Preocupación por las economías regionales
Las economías regionales también atraviesan dificultades. González señaló que los costos en dólares y las condiciones del tipo de cambio complican la ecuación de distintos emprendimientos productivos.
En ese contexto, reclamó políticas que permitan recuperar competitividad y previsibilidad para las empresas.
El dirigente también puso como ejemplo las diferencias con otros países de la región, como Paraguay, Brasil y Chile, y consideró necesario avanzar en Argentina hacia un ordenamiento tributario mediante un consenso fiscal que permita fortalecer al sector productivo.
Críticas a la presión de ARCA
Otro de los puntos abordados fue la situación de las pequeñas empresas frente a las obligaciones tributarias y las intimaciones de ARCA.
González fue particularmente crítico y sostuvo que la presión tributaria se vuelve cada vez más difícil de afrontar para las micro y pequeñas empresas en un contexto donde las ventas se encuentran deprimidas.
Según su análisis, la combinación entre baja demanda, costos elevados y presión fiscal puede terminar empujando a determinados comercios hacia la informalidad.
El dirigente advirtió que este fenómeno adquiere una dimensión todavía mayor en las provincias del norte, donde la cercanía con las fronteras genera una competencia adicional para los comercios formalizados.
El desafío de recuperar el consumo
Para CAME, el escenario plantea un desafío doble: recuperar el poder de compra de las familias y, al mismo tiempo, generar condiciones que permitan a las pequeñas y medianas empresas sostener sus puertas abiertas, invertir y mantener el empleo.
La advertencia de Alfredo González refleja una preocupación que atraviesa al sector empresario: mientras determinados indicadores macroeconómicos pueden mostrar una evolución positiva, en la economía cotidiana persiste una fuerte contracción del consumo.
Y detrás de esa caída aparecen dos realidades que impactan directamente sobre la actividad comercial: familias que recurren cada vez más al crédito para afrontar gastos esenciales y empresas que venden menos, pero continúan soportando costos e impuestos que, según CAME, se vuelven cada vez más difíciles de sostener.