La carne de burro: nutritiva pero no autorizada para el consumo en Argentina

La posible comercialización de carne de burro en una carnicería de la provincia de Chubut generó un fuerte debate en el país. Para aclarar la situación, la directora del Proyecto y del Laboratorio de Tecnología de los Alimentos de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste, la doctora Gladys Rebaks, explicó cuál es el marco legal y sanitario que rige actualmente en Argentina.

Según la especialista, el burro pertenece al grupo de los equinos, especie que sí está contemplada en la normativa sanitaria del país. Sin embargo, la carne equina —ya sea de caballo o de burro— no está autorizada para el consumo interno. Su producción se encuentra regulada exclusivamente para la exportación.

En declaraciones a Radiofmtotal Rebaks detalló que en Argentina existen frigoríficos habilitados para la faena de equinos, aunque actualmente solo tres plantas están operativas. Estos establecimientos trabajan bajo estrictas normas sanitarias y su producción se destina a mercados internacionales como la Unión Europea, Australia, China, Japón y Malasia, donde el consumo de este tipo de carne es habitual.

En varios países europeos, como Italia, Francia y España, la carne equina se comercializa de forma abierta en carnicerías y forma parte de la gastronomía tradicional. Incluso existen criaderos dedicados específicamente a la producción de caballos para consumo.

En cambio, en Argentina la situación es distinta. Aunque el Código Alimentario Argentino contempla a los equinos dentro de la legislación debido a la actividad exportadora, su venta para consumo interno no está permitida. De acuerdo con la especialista, hasta el momento el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria no emitió ninguna resolución que modifique esa prohibición.
La veterinaria explicó además que, desde el punto de vista nutricional, la carne equina posee características interesantes. Es una proteína de alto valor biológico y contiene mayor cantidad de glucógeno y hierro que otras carnes, lo que le otorga un color más oscuro. Además, sus grasas presentan una proporción elevada de ácidos grasos insaturados, considerados beneficiosos para la salud.

No obstante, su producción para consumo humano requiere estrictos controles sanitarios, similares a los que se aplican a la carne bovina. Entre ellos se incluyen inspecciones veterinarias, análisis de ganglios y estudios para detectar enfermedades como la triquinosis.

Otro factor que limita su desarrollo comercial en el país es la baja cantidad de animales disponibles. Según datos oficiales, en Argentina hay aproximadamente 2,7 millones de equinos registrados, pero la población de burros sería muy inferior y no existe un registro preciso.

Rebaks también mencionó que el uso del burro en Argentina se vincula más a tareas rurales o a regiones cordilleranas donde se utiliza como animal de carga. Esto, sumado a la relación afectiva que muchas personas mantienen con los equinos, genera una barrera cultural que dificulta pensar en su consumo masivo.

Por último, la especialista advirtió que cualquier intento de comercialización de carne de burro dentro del país podría generar confusión en la población si no existe previamente un cambio en la normativa vigente.

De esta manera, aunque la carne de burro y de caballo es consumida en varias partes del mundo y posee cualidades nutricionales destacadas, en Argentina su consumo sigue siendo un tema prohibido por la legislación actual y limitado exclusivamente al mercado de exportación.

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