El productor arrocero recibió alrededor de $280.000 por tonelada durante julio, un valor que se mantiene estable respecto de junio. Desde el sector advierten que la mejora interanual no alcanza para compensar el fuerte incremento de los costos de producción y anticipan una reducción de la superficie sembrada.
El sector arrocero de Corrientes atraviesa una campaña marcada por la cautela. Durante julio, el productor recibió aproximadamente $280.000 por tonelada de arroz, un valor similar al registrado durante junio y superior al de igual período del año anterior. Sin embargo, desde la Asociación Arrocera de Corrientes consideran que esta mejora todavía no representa una recuperación sostenida de la rentabilidad.
Guillermo Roca, referente de la entidad, explicó en declaraciones exclusivas a Radiofmtotal que el comportamiento del precio responde, en parte, a una cuestión estacional vinculada con el inicio de la siembra y la necesidad de los molinos de concretar determinadas operaciones.
“Se mantiene estable. Hay una pequeña estacionalidad siempre en esta época del año, cuando empieza la siembra y empieza a pasar un poco de arroz”, señaló
Según Roca, si bien existe una expectativa de recuperación debido a una menor superficie sembrada, el sector viene de dos años particularmente complicados. En ese contexto, sostuvo que el incremento del precio debe analizarse junto con la evolución de los costos.
El productor remarcó que buena parte de los insumos están vinculados al dólar y que el combustible representa uno de los principales componentes del costo. En ese sentido, afirmó que el gasoil acumuló un incremento superior al 40% desde comienzos de año, mientras que los salarios y otros insumos también presionan sobre la estructura productiva.
“Con precios fijos y costos elevados y elevándose, la verdad que es una situación muy compleja”, resumió.
Una mejora nominal que no alcanza
El valor de $280.000 por tonelada implica una mejora frente a los aproximadamente $200.000 que se habían registrado anteriormente. Sin embargo, Roca aclaró que esa diferencia no debe interpretarse automáticamente como una mejora equivalente en la rentabilidad.
“Si usted compara literalmente los 200 con los 280 pesos por kilo, es una mejora, pero no hay que descansar en cubrir los costos”, explicó.
Entre los principales aumentos mencionó los salarios, los insumos y, especialmente, el combustible, cuyo impacto es significativo en una actividad que requiere maquinaria y sistemas de bombeo durante distintas etapas de la producción.
Por eso, desde el sector consideran que la campaña actual será, en el mejor de los escenarios, una temporada para mantenerse y sostener la estructura productiva, más que para obtener grandes márgenes.
Menos superficie sembrada
Otro de los datos que genera expectativas en el sector es la reducción de la superficie destinada al cultivo. De acuerdo con la información que maneja Roca en contacto con productores y entidades del sector, la superficie sembrada podría disminuir aproximadamente un 20%.
La menor superficie podría contribuir a modificar la relación entre oferta y demanda y generar condiciones para una recuperación del precio. No obstante, el referente arrocero evitó considerar ese escenario como una solución definitiva.
La propia empresa familiar de Roca también decidió reducir parte de la superficie sembrada, particularmente en lotes que habían presentado problemas de anegamiento o dificultades para evacuar el agua.
El desafío del riego y las energías renovables
El costo energético también ocupa un lugar central en la actividad. En el norte de Corrientes, explicó Roca, existen establecimientos que utilizan tanto energía eléctrica como sistemas tradicionales de bombeo con gasoil.
Ante el aumento de los combustibles, algunos productores comenzaron a analizar alternativas vinculadas con la energía solar. Sin embargo, la inversión inicial continúa siendo elevada.
“Estamos trabajando con algunos proyectos que son, lamentablemente, por ahora bastante caros”, explicó Roca, quien señaló que se encuentran evaluando alternativas de financiamiento para incorporar paneles solares y reducir los costos de bombeo.
El factor climático suma incertidumbre
A los problemas económicos se agrega la incertidumbre vinculada con las condiciones meteorológicas previstas para la próxima campaña.
El sector está tomando medidas preventivas frente a la posibilidad de períodos de lluvias intensas. Entre ellas se encuentran la limpieza profunda de desagües y la construcción de estructuras dentro de los establecimientos para facilitar el escurrimiento del agua.
En el norte provincial, donde se abastecen principalmente del río Paraná, el exceso de precipitaciones no representa necesariamente un beneficio en términos de disponibilidad de agua para el riego. Por el contrario, puede convertirse en un problema cuando se producen lluvias intensas, inundaciones o granizo.
Roca explicó que una de las estrategias consiste en adelantar todo lo posible la siembra, aprovechando las condiciones de temperatura del suelo en el norte de la provincia, para intentar llegar a los períodos de mayor riesgo climático con el cultivo más desarrollado y consolidado.
Presión tributaria
El referente de la Asociación Arrocera de Corrientes también hizo referencia a la presión impositiva que soportan los productores.
Si bien destacó que existen conversaciones con las autoridades y consideró que el Gobierno está observando la situación del sector, aclaró que todavía no existen definiciones concretas sobre eventuales medidas.
Entre los componentes que impactan sobre la producción mencionó el impuesto al cheque y otras cargas tributarias que afectan a las actividades productivas en general.
Las especies exóticas, un problema desigual según la región
Finalmente, Roca se refirió al impacto de especies exóticas como el chancho jabalí y el ciervo axis, una problemática que afecta especialmente a distintas zonas productivas de Corrientes.
En su caso particular, explicó que en el norte provincial y específicamente en el área donde desarrolla su actividad no enfrentan actualmente ese problema con la misma intensidad que otras regiones.
En cambio, reconoció que en sectores cercanos a Curuzú Cuatiá y otras zonas del interior correntino el avance de estas especies representa una preocupación importante para los productores.
El panorama que describe el sector arrocero combina así precios relativamente estables, una mejora interanual que todavía no alcanza para recomponer la rentabilidad, aumento de los costos, menor superficie sembrada y una creciente necesidad de anticiparse a los riesgos climáticos. Para los productores, el desafío de la campaña será sostener la actividad en un contexto donde producir exige cada vez mayor eficiencia.