El productor citrícola misionero Ricardo Ránger, radicado en la zona de Eldorado, al norte de la provincia de Misiones, describió una dura realidad que atraviesa el sector en la Argentina. En declaraciones exclusivas a Radiofmtotal, señaló que la caída del consumo, los altos costos y la falta de competitividad obligaron a su familia a cambiar radicalmente la forma de comercializar su producción.
Ránger, cuya familia lleva más de 60 años en la citricultura, explicó que antes exportaban grandes volúmenes de fruta, incluso a mercados internacionales como Rusia. Sin embargo, la situación económica actual los llevó a tomar una decisión impensada: salir a vender limones y naranjas en bolsitas por supermercados, verdulerías y puestos sobre la ruta.
Según relató, la falta de ventas y de liquidez fue el detonante. “Llegó un momento en que no teníamos plata ni para comprar remedios. Si no tomábamos esta decisión, hoy estaríamos fundidos o vendiendo nuestras tierras”, aseguró.
El productor también marcó la pérdida de competitividad del país frente a otros mercados. Indicó que exportar desde Argentina resulta mucho más caro que desde países vecinos. Como ejemplo mencionó que ingresar un contenedor al puerto de Buenos Aires cuesta alrededor de 1.300 dólares, mientras que hacerlo desde un puerto de Chile ronda los 250 dólares, lo que dificulta competir en el mercado internacional.
Además, señaló que los costos de insumos y maquinaria son muy elevados en el país. Incluso comentó que un tractor que en Argentina puede costar 50.000 dólares, en China se consigue por menos de 10.000 dólares, una diferencia que complica aún más la producción local.
Otro de los problemas que describió es la caída del consumo interno. Según su experiencia recorriendo comercios, cada vez se vende menos fruta. “Hay verdulerías que antes vendían dos kilos de naranja y hoy la gente compra dos naranjas. La gente no tiene plata”, afirmó.
A esto se suman otros factores que afectan a los productores: el aumento del combustible, la apertura de importaciones, la inseguridad rural y la falta de políticas de largo plazo para el sector. Rángere sostuvo que en Misiones quedan muy pocos productores citrícolas activos, ya que muchos abandonaron la actividad.
Pese al panorama complejo, el productor destacó el trabajo familiar como la base para continuar. Junto a su esposa e hijo siguen produciendo y vendiendo fruta de manera directa para sostener la actividad.
Finalmente, advirtió que el panorama para 2026 podría ser aún más complicado, debido a una fuerte producción de cítricos en otras provincias y a la baja demanda del mercado.
“La Argentina necesita una política de Estado para la producción. Sin consumo y sin reglas claras, el productor se termina fundiendo trabajando”, concluyó.